2010/07/26

Lights

Sólo véanlo...


(Visto aquí)
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2010/07/25

Para leer en forma interrogativa

Has visto,
verdaderamente has visto
la nieve, los astros, los pasos afelpados de la brisa...

Has tocado,
de verdad has tocado
el plato, el pan, la cara de esa mujer que tanto amás...

Has vivido
como un golpe en la frente,
el instante, el jadeo, la caída, la fuga...

Has sabido
con cada poro de la piel, sabido
que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando corazón,
había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez

(Mi poema favorito del maestro Julio Cortázar)
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2010/07/24

Libélula (parte 2)

(viene de aquí - para leer con el siguiente tema, desde el segundo 20)



Cuando el momento llegó, Annias gritó -¡Ahora!- y Reinor dió un salto que la ayudó a impulsarse en el aire, al tiempo que dibujaba un círculo imaginario con la daga, del cual surgió un reflejo de los tres que se alejaba del rumbo original, y a su vez los ocultaba. Esto les daría un poco de tiempo para distraer al enjambre, el suficiente al menos para que en un movimiento rápido, seco y certero, Annias, aún en el aire, cortara las alas de Minnas. Pero al hacerlo, no contó el grito de dolor que esto desencadenó en Minnas, un grito como no se había escuchado antes. Annias la abrazó fuerte hacia sí como pudo, con ambos brazos y procurando ocultar el grito que retumbaba en su pecho, pero era casi imposible, y además estaban muy cerca de golpear el suelo. No sólo eso, los insectos se dirigían hacia ellas de nuevo atraídas por el sonido, y las alas que comenzaron a degradarse casi inmediatamente después de ser cortadas, las quemaban al contacto con la piel.

Annias no tuvo otra opción que usar uno de sus hechizos de infancia, “la tumba viva” le llamaban. Dirigió la vista al suelo, y sus ojos cambiaron de color unos instantes hacia un color agua y luego hacia uno nocturno. Justo en el lugar en el que astaban a punto de caer, la tierra se excarvó de pronto, brotando hacia los lados con velocidad y dejando un hoyo suficiente como para que ambas cupieran. Annias veía a centímetros de sí a uno de esos insectos, en el preciso intante que tocaron tierra, la cual las recibió blanda y amortiguadora, excavándose bajo sus cuerpos y volviéndolas a cubrir velozmente. Esto las separó de aquella bestia, mientras sentían cientos de fuertes golpeteos sobre la tierra que las cubría, y los zumbidos de aquellos insectos se escuchaban tan cerca que parecía que las rodeabana. Lo había logrado justo a tiempo, pero no tenía tiempo de pensarlo. Ella había sostenido todo el aire necesario para estar allí, pero no así Minnas, quién seguía inconsciente. Además, ambas estaban quemadas por los restos de alas, así que debían alejarse pronto. Era un bálsamo aquella tierra fresca que absorbía los restos de alas, y calmaba las heridas. Al menos contaba con eso.

Annias se concentró y comenzó a percibir la energía de las plantas cercanas, pero a diferencia de las veces anteriores, partículas doradas se esparcían a su alrededor. Nunca había visto aquello, pero no puso mayor reparo, y pronto vio un enredo de raíces algo cercanas, que brillaban a sus ojos, y parecían ser parte de un matorral o algo semejante. Se dirigió hacia estas impulsada con la ayuda de la tierra que las trasladaba, y al llegar se mezcló entre ellas lo suficiente como para, al salir, quedar oculta. Su habilidad para hacer esto, entrenada durante años al “andar” por entre apretadas y profundas raíces arbóreas, le permitieron llegar y actuar con rapidez. La tierra se abría paso por encima de ella, dejándola respirar y ver la luz del sol de nuevo. Sacó a Minnas y la dejó en el suelo, y enseguida trató de ubicar a Reinor y a los insectos.

Pronto pudo ver que aquellas bestias aladas habían caído casi todas inconscientes o muertas en el lugar en que la tierra las tragara. No parecían representar peligro ya, pero no había seguridad de que viniesen más luego. Los furiosos golpes contra la tierra deben haber sido su fin.

Ahora sólo debía encontrar a Reinor y llevar a Minnas a lugar seguro. Luego pensaría en qué hacer.
(fin parte 2)
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2010/07/21

Libélula (parte 1)

(Para leer en compañía del siguiente tema)



La brisa soplaba cálida entre los árboles, como anunciando el final del bosque. El paso constante y presuroso se había convertido en varios días de camino por esos parajes de Erinor que bien saben ocultar a los viajeros. La tarde era aún joven cuando comenzaron a avisorar la luz que delata la pradera. Los nervios regresaban ante esta vista, pero ninguno de los tres lo demostraba. Los pasos se hicieron más cuidadosos a medida que se acercaban al borde del bosque, y una vez allí se detuvieron para observar.

Era una planicie abierta y amplia, rodeada de zonas boscosas y altos matorrales, y en efecto era lo suficientemente amplia como para no otorgar seguridad. A lo lejos se podía observar un poblado pequeño, lo que limitó el trazo de la ruta a seguir. Debían alejarse de aquél lugar, no sólo por los delatores, sino por las miradas de desprecio que traen consigo las banderas de la agresión. La meta sería el próximo bosque, situado en la frontera contraria a aquella planicie de Asgor.

Annias observó el lugar con cierto resquemor, sensación que antes no hubiese tenido, mas tampoco las razones de su presencia allí eran las mismas. De pie, con el rostro sereno y la mirada fija en su objetivo, dejó sentir la brisa en su rostro y su cabello al vuelo. Cuando supo que era preciso, indicó a Minnas que montaran su caballo.
-Recuerda, sujetarte fuerte a mi- le dijo.

Estando los tres preparados, Reinor emprendió camino con Annias y Minnas sobre sí. Los primeros pasos precavidos, los siguientes ya iban compitiendo con el viento. Casi no se sentía su paso apremiado, que iba con la energía casi única de aquel corcel. Annias se sujetaba firme al cuello de su compañero, manteniendo la vista fija al frente. Estaba segura de haber tomado el trecho más corto, teniendo en consideración el pueblo cercano. Cruzar de esta manera era la única forma de ahorrarse dos días de camino, aunque pudiese atraer peligros. Sin embargo, ella confiaba en su capacidad para alejar las miradas ajenas y su concentración estaba completamente centrada en el camino y en protegerse, a sí misma y a los tres.

Por su parte, Minnas estaba extasiada. A pesar de los temores, desde un primer momento sintió admiración y belleza por aquél lugar. Era tan poco lo que conocía del mundo, que esto llenaba sus ojos y su alma. Muchas eran las historias que le contaban de un lugar “plano e inmenso”, y ahora lo tenía ante sus ojos. Aquella vista hería sus ojos. La luz era más de la acostumbrada en su tierra natal; montes y riscos plenos de enormes árboles, apretados unos con otros. Ver claramente más allá de 100 metros era casi imposible, excepto en las prohibidas copas de los árboles, o en los riscos frente al mar intocable.

Ahora, la sensación de la brisa pasando por su rostro, fresca, constante, le hacían sentir algo totalmente nuevo, y que llenaba de gozo su corazón. Para Annias la sensación era similar, y le recordaba el dulce-amargo de la libertad, pero su meta ahora era otra, y su concentración no se vería afectada por ello. Minnas, por su lado, cerró los ojos y se dejó invadir por la emoción. Sin darse cuenta, relajó el abrazo con el que se sujetaba de Annias, y constante y leve, siguió separándose de esta hasta tener el torso erguido casi por completo. Annias no se daba cuenta, en su concentración porque las sensaciones cercanas no la desconcentraran de su destino.

Minnas, inconsciente de sus movimientos, comenzó a incorporarse, haciendo uso de los estribos secundarios, buscando recibir la brisa abriendo los brazos y dejando que aquel momento la invadiera. Dejó caer la cabeza un poco hacia atrás, y no supo más de sí.

Reinor de pronto hizo un gesto que sacó a Annias de su total concentración, lo que la hizo percatarse de que no sentía el abrazo de Minnas. Volteó presurosa y la vio, allí, con sus brazos abiertos, y envuelta en un espectáculo de inmensas alas que salían de la espalda de Minnas y se desplegaban largas y vaporosas tras ella. Eran hermosas, cristalinas y destellaban a la luz del sol como millones de luciérnagas. Recordaban las alas de las libélulas, pero como humedecidas, y desplegadas hacia atrás. No se podía ver bien donde culminaban, pero debían tener al menos dos caballos de largo. Una escarcha dorada invadía el lugar y dejaba un trazo de partículas flotantes tras ellas.

Annias no podía dar crédito a sus ojos.
-Eres una de ellos- musitó.
Debía pensar y actuar rápido, y su primera reacción fue halar hacia sí a Minnas, quien se dejó llevar y parecía estar inconsciente. Annias levantó su cabeza en un movimiento rápido, y pudo ver la vista perdida de Minnas.

-No deben tardar en venir- Musitó Annias, para luego decirle algunas palabras al oído a Reinor. El corcel comprendió lo que debían hacer y apresuró el paso.

Breves instantes pasaron para que Annias percibiera que los seguían. Volteó nuevamente y vio un enjambre que se les acercaba. Aquel momento sería recordado por ella como uno de los más sublimes y más aterradores, por todo lo que significaba y significaría.

Afortunadamente, los insectos estaban aún a mitad de camino, pero no tardarían en alcanzarlos. Annias aferró el cuerpo de Minnas hacia sí con su brazo derecho, y sacó su daga blanca, que sostuvo con la mano izquierda. Ajustó su posición sobre Reinor, mientras esperaba el momento exacto en que aquellos insectos, cada uno de su mismo tamaño y con las miradas voraces, estuvieran suficientemente cerca.

Cuando el momento llegó, Annias gritó -¡Ahora!-
(fin parte 1 - ir a parte 2 aquí)
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¡Eres tonto!

El canto del loco (ECDL)


Esta historia que te cuento es como un grito
Una voz desesperada que grita pidiendo auxilio
Auxilio por no ver nada que me llene en el camino
Auxilio por ver que hay mucha falta de cariño

Me paro y me pregunto por qué no vives
rodeado de más verdad y buscando ese equilibrio
que te llene de valor y que te quite del suicidio
de tener que depender para sentirte más querido

Usando menos el coco y un poquito más la piel
Ya que somos lo que somos y si no lo quieres ver
¡Eres tonto!
Si no te gustas es que no estás vivo
¡Eres tonto!
Eso es algo que nació contigo

Y mañana al despertar, saltar de la cama
luchar tu mañana, mirar a la cara
que no debes nada

¡Eres tonto!
Salir a la calle sin la tontería
Sacando de dentro entera tu vida
Entera tu vida

Parece que está de moda ir de tontito
Aparentar ser la persona que siempre tú habías querido

¿Dime por qué no te quieres aunque sea sólo un poquito?

¿Y por qué no eres tú mismo y no algo parecido?


Usando menos el coco y un poquito más la piel

Ya que somos lo que somos y si no lo quieres ver

¡Eres tonto!

Si no te gustas es que no estás vivo

¡Eres tonto!

eso es algo que nació contigo


Y mañana al despertar, saltar de la cama
luchar tu mañana, mirar a la cara
que no debes nada

¡Eres tonto!
Salir a la calle sin la tontería
Sacando de dentro entera tu vida
Entera tu vida

¡Ehh!

¡Eres tonto!

Y mañana al despertar, saltar de la cama
luchar tu mañana, mirar a la cara
que no debes nada

¡Eres tonto!
Salir a la calle sin la tontería
Sacando de dentro entera tu vida
Entera tu vida

Tú eres tonto

Recomiendo que busquen los 3 videos del tema (los 3 episodios)
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Tú

(Del día y en la noche del 20 de julio de 2010)

Hola tú,

Hoy me despedí de ti
algo que creí que jamás pasaría, porque no podría hacerlo.
Muchas veces lo quise hacer, pero no era en serio
eran sólo las ganas de cambiarte
cambiarte por otro que veía en ti
que aún no sé si eras tú dentro de ti
o la sola imagen que surge del reflejo.

No lo sé

Pero ya lo importante para mi no es eso,
es que “te dejé” sin que hubiese nada que dejar.
Te dejé libre... en ti, en mi.

Fue lindo
para mi lo fue.
Soltar amarras mientras te abrazaba, y estaba de verdad cerca, por primera vez.
Y debes saber que no fue con intención de dejarte a la deriva.
Sólo te fui auténtica.

Así como honesta siempre te procuré ser,
y con la promesa en los labios de no hacerte daño,
que estuvieras seguro en mi contacto...


Debo decirte que se me quedaron pendientes cientos de planes contigo
que te hice en secreto y te iba a regalar poco a poco.
Tanto, tantas cosas que te quería compartir,
quería compartir mi felicidad contigo
mis logros, mis risas, las lágrimas importantes, la compañía
me quería compartir entera contigo
regalarte mis días, mis momentos, aventuras (no muchas,
por ahora ;), mi paz
la alegría de vivir mirándote a los ojos
cantándote al corazón
y viviéndote.

Se me quedaron en el tintero de mis ambiciones y emociones
tantas noches de amor y de caricias contigo;
Viajar (no imaginas lo que daba por recorrer Venezuela contigo), y manejar juntos
Bailar, por horas
Aprender música, comprarla, compartirla, que me enseñaras...
Ver cine de autor, teatro, conciertos
Que fuéramos a un concierto de MUSE
Que siguieras siendo mi mayor consejero de diseño, pero más de cerquita
Extrañarte en la distancia, y que me visitaras
Tomarnos fotos
Regresar a Campo Carabobo
Jugar wii
filosofar
noches de té, y otras de tequila
leerte, leerte el pensamiento, saberte sin conocerte
sonreírte tontamente
abrazarte, ser tu apoyo cuando lo necesitaras
o no hacer nada
pero estar juntos (y es aquí donde se me aguan los ojos, y debo parar de escribir...)
y extrañarte de cerca...

Es posible que esta noche sea la última vez que sienta tu esencia cerca,
sutil, la respiro con nostalgia y con alegría;
creo que no la voy a extrañar, al menos no como antes,
pero será grato si la vuelvo a percibir
y darte un abrazo, como hoy, de amigos :)


Mi único espejo amado,
hoy he guardado tus pedazos
en mi recuerdo.


"No, Oscuridad, al final no se los regalé :'("
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2010/07/19

Tormenta del Norte

(Escrito recordado y encontrado, para O3, creado el 16 de julio del 2004, como a las 2 a.m.)

Suenas
Retumbas en cada poro
en cada milímetro de nervio

Llegas con toda la brisa de tus viajes,
de tu vida.

Húmedo de iones, húmedo de vida,
haces presencia.

Calas hasta el más recóndito de mis adentros
Me calas entera.

Te viniste entre las montañas de tu nombre
con toda tu fiereza
que pasa entre todos
como las más tiernas gotas de tu rocío de lluvia.

Nos gritas quienes somos,
Nos gritas tu vida que somos.
Estremeces,
Brillas,
Resplandeces pupilas.
Y yo siento cómo brillas
a mis adentros,
y me expandes y glorificas
para luego razgarme con tus gruñidos,
soplarme la vida
y mojarme de ti.

Suena, anda... ¡Vuelve a sonar!
que te quiero escuchar siempre
que mi médula quiere gritar contigo
Ciégame y rocíame a cada detalle de tu piel,

Hasta que me vuelva una contigo cuando te acompañe
Para que te reviva en mis labios cuando te espere.


A la tormenta del norte a través de ti,
o a ti a través de la tormenta...
A ti... que eres mi tormenta.
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